A pesar de tener un papel fundamental en la vida pública y en la ejecución de tareas básicas para la comunidad, las mujeres en Lamagaon no suelen gozar de muchos momentos de reunión. Las grandes celebraciones se realizan conjuntamente entre hombres y mujeres, pero así como los hombres pueden ser vistos entre los de su género a menudo, para un extraño presenciar cualquier acto social exclusivamente de mujeres es algo poco habitual.
Una mañana, volviendo a casa para comer, me topé con un grupo de mujeres ataviadas con las prendas tradicionales tamang, de colores rojos y rosados, que celebraban una reunión. En ese momento era demasiado tarde para enterarme de qué se trataba pues estaban ya de retirada, pero más adelante me dijeron que esa reunión se celebraba con motivo de la llegada a la aldea de un banco exclusivamente para mujeres.
Esperé entonces pacientemente a que llegara la próxima oportunidad para presenciar esa reunión y entender en qué consistía este banco, y finalmente al cabo de un mes se volvió a celebrar el encuentro. Un grupo de doce mujeres se sentaban encima de finas colchas de plástico, dispuestas en dos filas rectas y paralelas y colocadas en frente de una de las casas de la aldea. Delante suyo se sentaba Pramita, la joven empleada del banco, que armada con una calculadora y una libreta en su regazo apuntaba nombres y números a toda velocidad.
Mientras ella hacía sus cábalas, las mujeres bromeaban y se reían sin parar, lejos de las miradas de los hombres. Se sentaban con las piernas cruzadas, sosteniendo en la mano los billetes que esa semana iban a ingresar en sus cuentas, y cada una de ellas contaba con una libreta en la que se apuntaban todos los movimientos de dinero. El dedo de Pramita volaba por encima de las teclas de la calculadora y su bolígrafo no paraba de escribir. Solo levantaba la cabeza de vez en cuando para gritar el nombre de alguna mujer y preguntarle la cantidad de dinero que iba a ingresar. Esta cortaba entonces su entretenida conversación, respondía a la pregunta y retomaba el hilo por donde lo había dejado.
Cada mujer debe ingresar al menos 250 rupias -poco más de dos euros- cada vez que se celebra la reunión. El banco funciona como cualquier otro: concede créditos a todas las que lo necesiten para más tarde recuperarlo con intereses. Para garantizar el pago del crédito, el resto de las mujeres deben avalar a la beneficiaria, de tal forma que si alguna de las presentes no puede pagar las cuotas, serán todas las demás las que deberán responder por ella.

Hoy es el turno de Sitamaya, una mujer de unos cuarenta años, de piel oscura, ojos entrecerrados y sonrisa permanente. Se levanta, junta las palmas de las manos, se presenta y solicita la cantidad que desea ante sus compañeras. Son 40.000 rupias -unos 300 euros-. La gran mayoría utilizan ese dinero para comprar ganado o para mantener sus campos, y al mes siguiente empiezan a pagar las cuotas con un interés del 18%. “¿Caro?”, pregunta Pramita levantando los ojos de la calculadora. “El banco central nos cobra un 15% de interés a nosotros, no podemos hacer más”.
Algunas mujeres se quejan de la falta de tiempo para empezar a devolver los créditos, ya que en muchos casos la inversión que hacen tarda unos meses en verse recompensada. Aún así a ninguna se le niega el crédito. Después de la presentación y la solicitud, el resto de mujeres aplauden a la candidata y, una a una, estampan su huella en una hoja de papel que servirá como aval. El banco funciona como un elemento de unión para la comunidad; la generación de deudas entre familias fortalece y refuerza sus vínculos y las dota de unas obligaciones ante las que deben responder.
La reunión está llegando a su fin. Algunos hombres se acercan ahora, curiosos, para informarse de lo sucedido. Quizás las mujeres no tengan tanta independencia en la gestión de estos recursos como deberían. Ahora todas se levantan, sujetan sus libretas con la mano y recitan a la vez: “Nos comprometemos a ahorrar y a reducir nuestros gastos. Nos comprometemos a pagar las cuotas a tiempo. Si alguna de nosotras no puede pagar su deuda, nos comprometemos a pagarla entre todas”.

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