El raksi es una bebida destilada, hecha a base de mijo y consumida principalmente en Nepal y en el Tíbet. Se trata de una bebida transparente, de sabor ligero y suave, que mientras recorre la garganta muestra su auténtica cara, menos amable de lo que puede parecer en un principio. Es una bebida traicionera, de las que entran sin avisar.
Para prepararlo se colocan tres recipientes superpuestos encima de un fuego. En el primero, el más cercano al fuego, se introduce la mezcla de los granos de mijo con agua, que al hervir liberan un vapor que accede al segundo recipiente a través de unos agujeros situados en la parte más alejada del centro. En el último recipiente se introduce agua fría de modo que el vapor que viene de abajo, al chocar contra la base fría del recipiente, se condensa y cae en un cuenco colocado en la parte central del segundo recipiente que posteriormente se sacará para guardar en botellas de plástico y disfrutar en compañía.
La primera vez que probé el raksi fue en casa de Hari, nuestro anfitrión en Lamagaon. Ese día Hari había invitado a sus vecinos a cenar y a tomar raksi a su casa, después de que estos le ayudaran a cortar el arroz de sus campos. Así lo manda la tradición.
Una noche estábamos en el campamento charlando alrededor del fuego cuando vimos una silueta entrando en casa de Hari, no sin dificultad. Era el propio Hari, que después de una noche de juego y raksi volvía a casa para descansar. Al cabo de pocos minutos Hari se puso a gritar a viva voz, mientras nosotros intentábamos ver lo que ocurría desde el campamento. Los gritos cada vez iban a más, y en un momento dado la puerta de su casa se abrió permitiéndonos ver el interior. Hari se había puesto agresivo con su mujer, prácticamente no se mantenía en pie e iba dando tumbos de un lado a otro, tirando todo lo que encontraba a su alrededor. Sus dos hijos se abrazaban aterrorizados mientras contemplaban esa lamentable imagen, y nosotros nos debatíamos que hacer. Finalmente, Susana, María y Umesh se acercaron a la casa y consiguieron tranquilizar a Hari, pero esa noche a todos nos costó dormir. Era la primera vez que le veíamos en ese estado y lo cierto es que nos sorprendió.
Hari no se había mostrado nunca como una persona agresiva; todo lo contrario, era muy amable con nosotros, respetuoso con sus padres y cariñoso con sus hijos. Si bien es cierto que nunca le vimos dar grandes muestras de afecto hacia su mujer, tampoco habíamos visto lo contrario hasta ese día. Por desgracia, el desliz de Hari era algo bastante habitual en el pueblo, y el principal detonante tenía un nombre: el raksi.
Esta situación nos hizo ver el trasfondo de Lamagaon, una comunidad en la que el hombre tiene toda la autoridad frente a la mujer y puede hacer con ella lo que le plazca. Ningún vecino salió de su casa para ver lo que ocurría a pesar de los gritos y el escándalo; este tipo de situaciones son conflictos familiares en los que nadie tiene derecho a intervenir. Las mujeres acatan la situación sin rechistar, y mientras tanto siguen destilando raksi en los fuegos de sus casas.

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