El principal propósito de mi visita a Nepal estaba claro: participar en el proyecto que Álvaro y María, los fundadores de la ONG Hugging Nepal, habían empezado dos años atrás. Ambos llevaban unos meses viviendo en Katmandú cuando les sorprendió el terremoto de abril de 2015 que destruyó cientos de miles de casas, escuelas y hospitales, y después de tal catástrofe decidieron actuar. No tenían dinero ni experiencia en proyectos de cooperación, pero en menos de dos años consiguieron recaudar más de 200.000 euros, reconstruir dos escuelas, iniciar proyectos educativos y comenzar la reconstrucción de una tercera; la escuela primaria de Lamagaon.
Lamagaon se encuentra en la montañosa región de Nuwakot, a unos treinta kilómetros de Katmandú. Se trata de una aldea de pocas casas, la mayoría hechas de adobe y madera, y la mayoría dañadas por el terremoto. Esta circunstancia obligó a sus habitantes a construirse pequeñas chozas de chapa que les albergarían de forma temporal hasta que pudieran costearse un nuevo hogar. Las casas se hallan desperdigadas por la ladera de la montaña, y entre unas y otras hay pequeñas parcelas de tierra en las que se cultiva arroz, mijo y otras verduras.
Los tamang, la principal etnia de la aldea, son descendientes de los tibetanos que años atrás abandonaron su país para finalmente no regresar. En un país de mayoría hinduista y con una clara influencia de sus vecinos del sur, los tamang, de religión budista, fueron vetados en los puestos de mando de la administración pública y el ejército. Después de la guerra que acabó con la monarquía y dio paso a la república federal en 2008, los tamang fueron reconocidos y su acceso a posiciones de poder garantizado por ley. Sin embargo, a día de hoy la mayoría de los tamang siguen siendo pequeños agricultores, muchos de ellos analfabetos y pobres.

Cada familia suele tener un puñado de aves de corral, cabras y uno o dos búfalos, primos hermanos de las vacas. A simple vista cualquiera diría que un búfalo y una vaca apenas se distinguen, pero los tamang se empeñan en establecer una clara diferencia entre un animal y el otro. Esta cuestión se debe principalmente a la deshonra a la que eran sometidos por la mayoría hinduista del país, que los tachaba de “come-vacas”, uno de los mayores insultos que uno podía recibir.
Hari Lama, el presidente del comité de la escuela, ofreció a Hugging Nepal una parcela de su propiedad para instalar el campamento, además de proporcionar las comidas y las cenas de los voluntarios. Las encargadas de esta última tarea serían su madre y su mujer, Shanti. Además de ellas en casa de Hari también vivían su padre y sus dos hijos, Purnima y Bablu, de seis y tres años. Ellos serían a partir de entonces nuestra nueva familia tamang, de los que poco sabíamos y de los que tanto teníamos que aprender.

Deja un comentario