El Hotel Imperial se encuentra a pocos minutos del Main Bazar, en una amplia avenida con varios carriles de coches en ambas direcciones. Este hotel es uno de los más clásicos de Delhi y en él solían alojarse representantes del gobierno británico durante la época colonial, además de otras personalidades y hombres de negocios. En la entrada de vehículos que da a la calle hay una caseta con tres o cuatro guardias que se encargan de recibir al huésped con amabilidad y unos metros más adelante se encuentra la entrada del hotel, donde paran los taxis para dejar a los huéspedes.
Antes de pasar por la entrada de vehículos Edu llamó a Tashu, un chico indio con el que Edu tenía un rollo difícil de definir, y que apareció minutos más tarde en un tuk-tuk. Era un chico de veintitrés años, alto y muy delgado, de tez oscura y penetrantes ojos negros. Vestía con una camisa blanca y unos tejanos azules (sin duda era el más elegante de los tres) y llevaba una diadema que le echaba el pelo perfectamente planchado y recortado hacia atrás. Tashu era un chico reservado, de pocas palabras, que parecía no interesarse demasiado por lo que ocurría a su alrededor. Más adelante comprobé que el Niño, como le llamaba Edu, era más alegre y divertido de lo que parecía.
Tashu vivía en las afueras de Delhi con su madre discapacitada y sus hermanos. No tenía padre. Conoció a Edu en un bar de copas en Delhi unos meses atrás y desde entonces se habían estado viendo siempre que la ocasión se lo permitía. En el momento en que yo le conocí Tashu no tenía trabajo, pero se estaba preparando para empezar un curso de maquillaje al norte de Delhi, cerca de Rishikesh, y pensaba quedarse allí unos cuantos meses hasta que acabara el curso. Después, quería trabajar en una importante tienda de cosméticos en la que, según me dijo, le iban a pagar 40.000 rupias de sueldo mensual. A mi me daba la impresión de que a Tashu no le gustaba estar sin trabajo, quería ganar su propio dinero. No sé hasta qué punto era cierto, pero veía a Tashu preocupado por su situación.
Cenamos en uno de los restaurantes del pomposo Hotel Imperial con una amiga de Edu, Montse, que era la fundadora de una conocida cadena de tiendas de ropa y complementos de estilo oriental. Con ella venía su hija, que había empezado una marca de ropa propia, y dos trabajadoras de la empresa que asistían a una feria internacional en Delhi. La cena se hizo algo pesada, las chicas estaban muy ocupadas hablando de ropa y Montse y Edu discutían de política. Tashu no se enteraba de nada y a los pocos minutos se puso a jugar al solitario en el iPad de Edu y yo intentaba mostrar interés en la conversación, no con mucho éxito. Supongo que sería el cansancio, pero la verdad es que la cena se me hizo larga y no veía el momento de despedirme de ellas para volver al hotel. Después de cenar dimos una vuelta por la planta baja del hotel, pasamos por delante del spa y visitamos la enorme piscina. Finalmente nos despedimos y nos montamos en un tuk-tuk para terminar mi primer día en la India, un día sin duda de contrastes.
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