La salida del vuelo a Delhi desde el aeropuerto de Madrid-Barajas se retrasó casi tres horas, así que tuve que quedarme unas horas más en la capital. Ana y Víctor me habían acogido el día anterior en su casa y habíamos pasado juntos la tarde del viernes, principalmente bebiendo cerveza y comiendo bien. Me hizo mucha ilusión poder despedirme de ellos antes de partir hacia la India, y al mismo tiempo reencontrarme con Madrid.
Llegué al aeropuerto en un bus con tres pasajeros, sobre las 23:30h. La terminal estaba prácticamente desierta. Me sorprendió ver que mi vuelo era el único en el que no aparecían los mostradores de facturación, así que me dirigí a la ventanilla de la compañía -la única que estaba abierta a esas horas- donde una chica con cara de aburrimiento esperaba a algún pasajero despistado y algo agobiado con el que entretenerse. Primera sorpresa: la facturación del vuelo ya había cerrado. ¡Bang!
-Prueba de todas formas. -me dijo mientras señalaba con la cabeza hacia un solitario mostrador sin ninguna identificación de la compañía. Detrás del mostrador había una chica corpulenta con cara de pocos amigos, un chico joven casi imberbe y una señora india de unos cincuenta años que parecía vigilar lo que hacían los otros dos con una inocencia de abuela.
-Hola, tengo el vuelo de la 01:25h a Delhi.- le dije a la chica con una voz temblorosa, que daba fe de que en cualquier momento me iba a salir el corazón por la garganta.
-El mostrador está cerrado, ¿tienes tarjeta de embarque?- me preguntó, imaginándose la respuesta.
-No. Nadie me ha avisado de que había que facturar a la hora inicial.
-Déjame tu pasaporte y tu visado.- contestó mientras hacía una especie de resoplido de desgana.
Yo ya había perdido el primer vuelo a Delhi una semana antes porque el visado no había llegado a tiempo, y no estaba dispuesto a perder el segundo. La simple posibilidad de que eso ocurriera me daba pánico. La chica del mostrador ojeó mi pasaporte hasta dar con el visado. Alzó su mirada hacia mí, volvió a mirar el visado y señaló con el dedo la palabra “single”.
-Aquí pone que tienes una entrada única. ¿Tienes billete de vuelta? -sus preguntas e inconvenientes cada vez me ponían más nervioso- Si no tienes billete de vuelta no te puedo dejar subir al avión.
Me empezaron a temblar las manos, las piernas y el corazón. Alguien estaba conspirando para que no cogiera ese o cualquier otro avión con destino a la India. Llegué a imaginarme presentándome de nuevo en casa de Víctor y Ana a las dos de la mañana diciéndoles que no me habían dejado subir al avión, y a estos descojonándose de la risa. Empecé a buscar billetes, fueran los que fueran, para salir de la India. Tenía poca batería y los datos estaban a punto de acabarse, pero finalmente, después de varios intentos y gotas de sudor, encontré un vuelo: Delhi a Katmandú el 31 de Octubre de 2017 a las 10:30am. Le enseñé el resguardo del vuelo a la chica, facturé la mochila y al avión. Por fin, el viaje que tantos meses había imaginado que haría se hacía realidad.

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